La libertad de expresión y el acceso a la información son derechos humanos fundamentales reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 19) y en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (artículos 6 y 7). La libertad de expresión tiene una dimensión individual, como el derecho a no ser molestado a causa de sus opiniones, pero también una colectiva o social, que se define como el derecho de las audiencias, y que implica el derecho de la sociedad de procurar y recibir cualquier información; de reconocer el pensamiento e información ajenos; así como de estar bien informada.

La Constitución mandata al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) definir y proteger los derechos de las audiencias, con especial interés en la protección de las niñas, niños y adolescentes. En 2016, este ­Instituto estableció lineamientos generales que definen un listado exhaustivo de los derechos de audiencias. Éstos incluyen, entre otras garantías: 1) reci­bir contenidos libres de discriminación; 2) que la programación que se difunda propicie la integración de las familias, el desarrollo armónico de la niñez, el mejoramiento de los sistemas educativos, la difusión de los valores artís­ticos, el desarrollo sustentable, la difusión de ideas que ­afirmen nuestra identidad nacional, la igualdad de género y la divulgación de ­conocimiento científico, entre otros, y 3) recibir información que refleje la pluralidad de la nación.

En este contexto, la antropología participa en la protección de los ­derechos de audiencia al generar conocimiento en tres áreas: 1) en el análisis de los contenidos audiovisuales, examinando de qué forma los ­contenidos de radio y televisión cumplen con estos derechos; por ejemplo, ­examinando el sexismo o discriminación racial; 2) en el análisis del consumo de ­estos contenidos y su influencia respecto a la creación de representaciones colec­tivas, patrones de consumo y reproducción de estereotipos: ¿qué opinan las audiencias respecto a los contenidos que consumen?, ¿cómo se apropian los individuos de estos contenidos?, ¿cómo influyen los ­contenidos ofrecidos en audiencias específicas, como los pueblos indígenas, los niños o los adolescentes? (antropólogos del CIESAS han realizado investigaciones específicas con el IFT en relación con estas temáticas); y 3) en la ampliación de las plataformas de generación y consumo de contenidos que se realizan con la irrupción de internet, como YouTube, Facebook o Netflix, que implican nuevas formas de producción, transmisión, consumo e interacción de contenidos.

Cada una de estas áreas permite generar información útil a los productores de contenidos para afinar sus propuestas; a las audiencias mismas y sus organizaciones para exigir el cumplimiento de sus derechos, y a las autoridades para cumplir y hacer cumplir los derechos de las audiencias en beneficio de todos.

Felipe Hevia, investigador de CIESAS Golfo.