El derecho internacional tuvo como fundamento la libertad de movimiento y de circulación. Desde 1921, la Sociedad de las Naciones (antecesora de la ONU ) instituyó la figura del Alto Comisionado para los Refugiados como respuesta al desplazamiento de personas resultado de la Primera Guerra Mundial. Para 1930 se firmó el primer tratado internacional específico para proteger a los trabajadores migrantes.

El derecho a la libertad de circulación se compone de tres elementos básicos consagrados en el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948: 1) “Todas las personas tienen el derecho de circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”, 2) “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio y a regresar a su país” (derecho que también se consagra en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966), y 3) “Toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él en cualquier país”.

No obstante, el derecho internacional no cuestiona la prerrogativa soberana de los Estados de reservarse el derecho de admisión y expulsión de los no nacionales; por tanto, no contempla el derecho vinculante de acceso a otro país.

En 1990, la Asamblea General de la ONU aprobó la “Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares”, que opera bajo el principio básico de la no discriminación. Sin embargo, por las tensiones que este derecho genera en torno a la idea de soberanía estatal, identidad nacional y su aporte al capitalismo neoliberal, esta Convención apenas colectó las 20 primeras firmas hasta 2003, año en que entró en vigor. En la actualidad, sólo 31 países la han ratificado, pero ninguno corresponde a las principales naciones receptoras de migrantes.

La movilidad libre y segura es un derecho que no se ha llegado a ­instaurar por completo aun en la actualidad, pues algunos gobiernos se encuentran en abierta oposición. La visión crítica de la antropología ha ayudado a reconocer dicho derecho y abogar por no considerar la migración como un acto “ilegal”, que estigmatiza a los migrantes como personas que están cometiendo un crimen por el simple hecho de migrar. La antropología contribuye a entender y ampliar la visión etnocentrista de la propuesta jurídica del derecho internacional, y coadyuva a comprender los contextos locales tanto de los países de origen como los de destino, tránsito y retorno. Ayuda a visualizar y entender la heterogeneidad existente entre las mujeres, hombres y niños, que migran en familia, solos o en grupo, y que pertenecen a diferentes géneros, razas, generaciones, nacionalidades y clases sociales, con objetivos y necesidades distintas. Con sus diversas herramientas teórico-metodológicas, la antropología no sólo ha mostrado ser de gran utilidad en la comprensión crítico de estos procesos y los sujetos que los viven, también busca darle voz a los migrantes. Promueve su participación dialógica e interactiva en sus proyectos de investigación y se esfuerza por buscar alternativas conjuntas y elaborar propuestas de políticas públicas y acción colectiva.

México es un país con diferentes facetas migratorias (de expulsión, retorno, tránsito y destino), en el que actualmente los derechos humanos básicos son poco respetados y las expresiones de xenofobia y discriminación hacia las mujeres, hombres y niños que migran son cada vez más visibles y violentos. De especial importancia es el trabajo que se ha realizado con niñas y niños migrantes. Antropólogos y miembros de otras disciplinas se han acercado a los menores en la lucha por defender sus derechos humanos. Sus estudios han ayudado a conocer sus vidas, y contribuyen a que sus voces se escuchen en diferentes medios, con la esperanza de que el gobierno y el público en general se den cuenta de que los derechos humanos de niñas y niños deben ser prioritarios.

El tema de las migraciones está fundado en el principio de la libertad de circulación y residencia, pero este principio debe conjugarse con otros de igual importancia.

Texto de la Dra. Magdalena Barros Nock