Los derechos lingüísticos —también conocidos como derechos humanos en materia lingüística— son aquellos que tienen tanto los individuos como las comunidades de elegir el idioma o idiomas que desean utilizar para comunicarse, ya sea en el ámbito de lo privado o lo público, sin tener en cuenta la nacionalidad, la etnia o el número de hablantes de tales idiomas en un territorio determinado. Hace cerca de cien años, Max Weber señaló la importancia de la lengua en la definición y autoidentificación de las comunidades, independientemente de los vínculos de parentesco, ­vecindad, religión o territorio. En los procesos de colonización que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad, la imposición de una lengua a un colec­tivo ha sido uno de los mecanismos más eficaces —pero también más violentos— de asimilación cultural.

Por este motivo, desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se incluyeron los derechos lingüísticos como parte de los derechos culturales de las personas. En el ámbito internacional, algunos documentos cruciales para el sustento de la doctrina de los derechos lingüísticos son la Declaración Universal de ­Dere­chos Lingüísticos (proclamada en Barcelona en 1989), la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales (Estrasburgo, 1992) y el ­Convenio Marco para la Protección de las Minorías Nacionales (­Estrasburgo, 1994), así como el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y Tribales (2007). En la juris­prudencia internacional, los derechos lingüísticos suelen contemplarse dentro del marco más amplio de los derechos culturales y educativos; pero no se confunden con ellos. A partir de los diagnósticos realizados por diver­sas disciplinas sociales se han incrementado los esfuerzos para ­contar con herramientas que los garanticen en actos legales, administrativos y judiciales, y en los medios de comunicación.

En el contexto mexicano, la discusión acerca de los derechos lingüísticos es de larga data, pero su formalización se inició con la creación de la ­Dirección General de Educación Indígena (1978), en la que ­colaboraron antropólogos como Guillermo Bonfil, Salomón Nahmad y Rodolfo ­Stavenhagen. Esto dio lugar en el CISINAH (hoy CIESAS) a la fundación del Programa de Forma­ción de Etnolingüistas y, posteriormente, al Posgrado en Lingüís­tica Indoame­ricana. De ambos esfuerzos surgieron colegas estudiosos y defensores de las lenguas indígenas nacionales que contribuyeron a la formulación de las reformas constitucionales de 2001 y de la Ley General de Derechos Lingüís­ticos de los Pueblos Indígenas de 2003. Este marco normativo ha ­permitido crear una agenda para la defensa de los derechos culturales desde la perspectiva de las comunidades lingüísticas, que busca no sólo legitimar y promover su uso en los territorios históricos, sino su expansión institucional al ámbito de la educación, la impartición de justicia y los medios de comunicación.

Sin embargo, estos esfuerzos se han visto obstaculizados por la insuficiente documentación de las lenguas que se hablan en el terri­torio nacional, el fuerte estigma que sufren sus hablantes —que afecta el desarrollo de identidades lingüísticas positivas—, la larga asociación entre la pertenencia a un pueblo indígena y la condición de pobreza, y la ­tendencia a la homogeneización cultural del país por medio de políticas explícita o implícitamente castellanizantes. Los científicos sociales tenemos el firme desafío de realizar investigaciones sobre estas condiciones. En la medida en que se conozcan mejor las características sociales de las comunidades lingüísticas de México, se cuente con mejores estudios acerca de la estruc­tura y funciones de las diferentes lenguas indíge­nas nacionales, y se elabore un catálogo exhaustivo de los lugares donde se hablan y su ­grado de vitalidad, podrán establecerse mejores políticas que coadyuven al ­cumplimiento de los derechos lingüísticos en nuestro país y acaben con la discriminación hacia los pueblos indígenas.

Texto escrito por la Dra. Regina Martínez Casas